Por Roberto Felipe
- Oye la flaquita también entra al cuento – me decía un
conocido, cincuentón él, pero con la adolescencia de pensamiento, para comentar
algo sobre una mujer que conoce poco y sobre todo reproducir un hecho contado
por otro espécimen catalogado varón, nada mas allá que un cuento que puede
malograr la reputación de una mujer que ni enterada de ello se encuentra.
La facilidad con que los seres humanos podemos manchar la
imagen y la reputación de determinada persona, nos hace llegar a la conclusión
de que los humanos deben cuidarse de los humanos. Se da en todos los aspectos
del desarrollo social, político, económico, etc.
Las mujeres son más propensas a estos ataques y en la
mayoría de estos casos, sus agresores son varones muchos sin escrúpulos y otros
despistados, que con el simple hecho de algún comentario negativo, el reguero
de pólvora habrá iniciado su camino.
Hace unos días una denuncia por violación a una mujer
policía por su propio colega en el hospital de la policía, atrajo la atención
de los medios de comunicación, así mismo el acoso de un superior sobre las
alumnas de una escuela técnica policial en Tarapoto, pero todo ello queda en
noticia del día, las investigaciones quedaran en el olvido o irán a paso de
tortuga, mientras esta institución decadente y corrupta sigue cometiendo abusos
contra aquellas mujeres que optaron por independizarse sirviendo al país.
La libertad de una mujer empieza por su libertad económica,
como en cualquier aspecto de la vida diaria, la independencia económica es el
punto de partida para el desarrollo material y emocional de las sociedades, la
mujer como motor y madre de la civilización necesita seguir logrando
independencias y ganando batallas para lograr la igualdad dentro de nuestra
civilización, que por hoy neoliberal se torna agresiva para ellas.