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CALENDARIO |
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Mayo 2008 |
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22 de Abril, 2008
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C. Hildebrandt, Prdista Peruano - Análisis Polític |
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Por: César Hildebrandt
El general Gallina va al megajuicio del gángster
Fujimori y dice: “No me acuerdo”
“Nunca me enteré”
“¿Qué
documento?”
“Yo hacía análisis de Inteligencia”
“¿Cómo iba a
saberlo si no era mi área?”
“Eso ya se lo contesté al doctor
Nakasaki”
El general Gallina era muy valiente cuando mandaba cavar sus
fosas a las víctimas, o decidía volar con una granada una barraca de paisanos, o
saludaba con voz de trueno a Hermoza Ríos en los desfiles militares. Era muy
valiente con los desarmados y con los indefensos. Era un tigre con las viejas de
Cayara, los churrupacos de Barrios Altos, los sindicalistas del Santa, el
periodista de Los Cabitos.
El general Gallina desciende en sucesión
vertical de Mariano Ignacio Prado y Ochoa, el huanuqueño general presidente que
se fue de viaje en plena guerra con Chile, por un lado, y del general Atahualpa,
que se dejó atrapar en plena plaza y permitió que un patán nos enseñara el
castellano, por el otro.
El afluente mayor de este Amazonas gallináceo es
don Mariano, por supuesto. Porque Atahualpa como que improvisó el miedo. Prado,
en cambio, elaboró un miedo paciente y, casi se diría, magistral.
Su
historia ha sido piadosamente preservada por los que mandan porque, al fin y al
cabo, don Mariano es uno de los fundadores del Perú plutocrático aun hoy
vigente. No se puede reconocer así nomás que el bisabuelo fue un traidor y que
el árbol genealógico de la derecha peruana abunda en asaltabancos como Echenique
y en huidizos raudos como los de algunas batallas por la defensa de Lima. La
historia del Perú que se cuenta a los escolares narra sucesivas desgracias pero
no nombra responsables. Como si la desgracia llegara con el clima como un maná
invertido.
Chile nos declaró la guerra el 5 de abril de 1879, en plena
presidencia de Mariano Ignacio Prado, la que había empezado el 2 de agosto de
1876. Al principio, hubo esperanzas. Pero con la pérdida de la fragata
“Independencia” y del blindado “Huáscar”, en octubre de 1879, el mar quedó
descubierto y el desembarco de las soldadescas del sur se vio como
inexorable.
El 18 de diciembre de 1879, en plena guerra, con la flota
chilena asomándose por el Callao, Mariano Ignacio Prado, el presidente de la
República, el comandante de todos los ejércitos, el Director de la guerra, se va
en secreto del país que debía defender hasta la última hora. Se va de noche y en
secreto.
Deja al incompetente general Luis La Puerta como presidente. Y
deja, para la Historia General de la Cobardía (todavía no escrita), la siguiente
proclama:
“Conciudadanos: Los grandes intereses de la Patria exigen que
hoy parta para el extranjero, separándome temporalmente de vosotros, en los
momentos en que consideraciones de otro orden me aconsejan permanecer a vuestro
lado. Muy grandes y muy poderosos son, en efecto, los motivos que me inducen a
tomar esta resolución. Respetadla, que algún derecho tiene para exigirlo así el
hombre que como yo sirve al país con buena voluntad y completa abnegación… Al
despedirme, os dejo la seguridad de que estaré oportunamente en medio de
vosotros. Tened fé en vuestro conciudadano y amigo”. Mariano Ignacio Prado.
Lima, Diciembre 18 de 1879.”
Se va don Mariano y no dice por qué. Se va y
no dice por cuánto tiempo. Se va a hurtadillas. Se va como se van los
allanadores, los ladronzuelos, los donjuanes aventajados. Y después dirá que se
fue en secreto “para evitar que lo supiese el enemigo, que a la sazón cruzaba
con su flota por el Callao”. Y añade: “(Y también) para no caer prisionero, como
habría sucedido en una de las veces que los chilenos abordaron el buque, si
hubieran sospechado que yo iba en él”. (Declaración de Nueva York, 7 de agosto
de 1880).
¿Y por qué se va?
Siempre lo repitió: para comprar él
mismo, en persona, los blindados que nos hacían falta para restaurar el
equilibrio naval. Los biógrafos alquilados por sus descendientes, los cobardes
que encontraron en él un paradigma inconfesable, los generales Gallina de todas
las épocas vienen de esa misma noche del 18 de diciembre de 1879.
¿Y
logró algo esta madre de todos los Gallinas?
Por supuesto que no. En esa
misma declaración neoyorquina admite: “Desgraciadamente nada he podido hacer
todavía. Sin recursos, desautorizado y contrariado y enfermo como me encuentro,
todos mis esfuerzos se escollan ante las dificultades que me rodean; no
desespero, sin embargo; esas mismas dificultades son un estímulo más para
insistir en mi propósito y mi trabajo”. Lo que no dice es que cualquier gestión
para comprar armas o buques hubiese tenido que hacerse en Europa, no en Nueva
York, desde donde trata de explicarse. Y lo que no aclara es que era imposible
comprar armas a ninguna potencia una vez declarada la guerra, dada la
declaración de neutralidad que Inglaterra alentó y cundió en todos los
frentes.
Piérola toma el poder tras la huida de don Mariano. Piérola es
valiente pero toma las peores decisiones porque tiene que prescindir de los
jefes militares leales a Prado. Improvisa y yerra. Innova y hunde más al país.
Prado no sólo se ha fugado sino que ha asegurado la derrota del Perú. Misión
completa.
Sus biógrafos de alquiler dicen que el mismo día de la
declaración de guerra, don Mariano renunció al generalato divisionario con que
Chile –donde vivió varios años– lo había investido por su amistad especial. En
efecto, don Mariano, como presidente de facto tras derrocar a Diez Canseco,
había salvado a Chile del bombardeo de la flota española en 1866. Y lo había
hecho con la mirada americanista que Chile parecía alentar también. Cuando la
flota peninsular bombardeó Valparaíso, nuestra armada salió en defensa del
vecino agredido. Chile no había encargado todavía la construcción de los
blindados con que nos aplastaría trece años después.
Prado regresó al
Perú sólo en 1886. Como en el Perú el olvido es siempre lo más conveniente, no
fue juzgado. En 1899 dicen que empezó a sentirse mal. Entonces se fue a París,
donde quiso morir y donde murió el 5 de mayo de 1901 a la muy noble edad de 75
años. Hubo discursos emocionados y bandas militares.
De esos sedimentos,
de esa Taboada ancestral y oculta, vienen los generales Gallina, los que se
arrodillaron ante Fujimori, el otro fugitivo, el de nuestra época. De allí
vienen las sombras y los sarros. De allí proceden los salazar, los hermoza, los
rivas y sus escribas subarrendados. |
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publicado por
rfelipem a las 13:30 · Sin comentarios
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