
Por: Mabel C. Bejar
El senador McCain ha pasado tamaña vergüenza por las declaraciones de su allegado, el Senador Gramm., brillante economista. En una conversación con la junta editorial del prestigioso Wall Street Journal, Gramm. dijo que la temida "recesion" americana no existía mas que en la mente de los americanos y que somos un pais de llorones. McCain no perdió tiempo en tirar al senador Gramm al barranco, diciendo que no compartía estas declaraciones y que Gramm no hablaba por el. Obama no perdió tiempo para saltar sobre McCain con todo tipo de ironias. Su olfato politico oportunista es realmente de admirar. Y es que en el ambiente populista de esta campaña hay que tratar a los votantes como niños con deficiencias de auto estima y no decirles la verdad, que los consumidores tenemos gran parte de culpa de la llamada "recesion."
Gramm tiene razon en terminos economicos. Una recession se define como dos trimestres consecutivos sin crecimiento continuo. La economía americana ha seguido creciendo a pesar del precio de la gasolina, la caida del mercado de viviendas y otros problemas. Técnicamente no existe recession. Sin embargo, los medios de comunicación nos bombardean a diario con malos augurios economicos al punto que la gente esta asustada y ha dejado de gastar dinero, lo que ha detenido el crecimiento de la economía. Es un circulo vicioso. Si los consumidores dejan de comprar por miedo, los negocios ven bajar sus ventas y se ven obligados a cortar costos (reducir producción y despedir empleados) lo que produce menor crecimiento y mas miedo. Este pais esta tan acostumbrado a la buena economía que la gente no tiene ninguna experiencia de cómo abarcar los problemas. Muy pocos recuerdan los malos tiempos de los 70 durante la administración Carter (quizás la peor época económica desde la Gran Depresion).
El problema de la vivienda es citado constantemente para demostrar lo mal que va la economía. La verdad es que la gente se excedió. Compraron viviendas que no podian pagar aprovechando intereses bajos temporales. Hace 10 años era imposible obtener una hipoteca sin poner al mínimo el 20% del valor de la propiedad y el banco financiaba el 80% restante. Durante los últimos años, con el valor de las propiedades subiendo día a día, los bancos redujeron los requerimientos y era fácil obtener una hipoteca por el 100% del valor de la propiedad. Es decir, un comprador no tenía que poner un centavo para la compra (salvo gastos de financiamiento) ya que los bancos asumían el riesgo de que el comprador no pudiese pagar y que al rematar la propiedad, hubiese suficiente valor en ella para recuperar su inversión. Estos son los llamados "sub-prime mortgages."
"Sub-prime" se refiere al mercado menos atractivo económicamente. Personas que ganan poco (comparado con el tamaño del prestamo), tienen crédito pobre o inexistente y son considerados de alto riesgo. Si se les otorga crédito, es generalmente con intereses más altos para contrarrestar el alto riesgo. Sin embargo, el mercado sub-prime empezó a ofrecer hipotecas con intereses bajísimos pero temporales, aprovechando que la Reserva Federal había bajado los intereses a records históricos. Se volvió fácil conseguir una hipoteca con interés fijo a menos del 4% por un tiempo (12 a 18 meses) después del cual, el interés subiría dramáticamente. Estas hipotecas facilitaron la especulación en el mercado. Gente que compraba casas para re-venderlas al poco tiempo aprovechando la apreciación rápida de las propiedades (las cuales se apreciaban más rápido una vez que los especuladores compraban mas, reduciendo el numero de propiedades disponibles, otro circulo vicioso).
Esta oferta artificial de los especuladores creo una burbuja, ya que parecía que miles de personas estaban comprando viviendas, lo que promovía mas construcción y el estimulo a toda la industria constructora. La mayoría de los especuladores se deshacían de las propiedades en unos meses, recuperando su dinero y sin correr el riesgo de que los intereses subieran. Sin embargo, muchos consumidores sub-prime empezaron a utilizar las hipotecas de interés variable para comprar casas que muchos de ellos no podían pagar. El sueño de la casa propia de pronto se vio accesible para una gran parte de la población. Pero cuando los meses pasaron y el interés bajo caduco, dando lugar a intereses del 10% al 18%, los pagos de las hipotecas subieron dramáticamente. Esto ha resultado en desfalcos masivos y en que miles de familias pierdan sus viviendas.
Esto es realmente triste. ¿Pero quien tiene la culpa? ¿George Bush? ¿La prensa? No. La culpa la tienen los mismos consumidores. Quizás hubieron algunos que no sabían en lo que se metían. Pero una hipoteca es una gran responsabilidad económica y todo consumidor esta obligado a analizar los pros y los contras. ¿Podré pagar la cuota cuando suban los intereses? Y si no, ¿que alternativas tendré? El americano esta acostumbrado a vivir a crédito. Todo articulo de consumo - un televisor de pantalla plana, una laptop, un auto del año y hasta una sonrisa blanca o cirugía cosmética - se puede obtener hoy pagando una cómoda cuota mensual en el futuro. Nos hemos vuelto adictos al crédito y ya nadie ahorra para los tiempos difíciles.
Recesion es la que me toco vivir de niña en de los años 80 en Perú. Inflación de más del 7,000%. Los precios de los alimentos subían cada semana, mientras los salarios se mantenían congelados. Los productos se encogían y los precios seguían subiendo. A veces me pregunto, ¿como sobrevivimos los peruanos esos años? No había de otra. Pedirle ayuda al gobierno era inútil cuando ni siquiera nos podía garantizar nuestra seguridad. En eso los americanos tienen una gran deficiencia. No saben como afrontar los problemas económicos. La economía de muchos hogares americanos es tan frágil que viven de cheque (de pago) a cheque y costean los antojitos (gastos superfluos) con tarjetas de crédito. En vez de lloriquear para que el gobierno les de "alivio" (ayuda económica), los consumidores deben ajustarse el cinturón, cortar los gastos superfluos y adaptarse a vivir dentro de lo que uno puede pagar y dejar de vivir al crédito. Va a costar tiempo ajustarse a la situación, pero esperemos que los americanos aprendan la lección y dejen de lloriquear.