Por: Roberto Felipe
Caminaba con el temor invadiendo sus entrañas, era el medio día de un sábado en un pueblo de la serranía Peruana, hacía unos instantes le habían avisado que lo buscaba la gente de la PIP, (Policía de Investigaciones del Perú).
Corría el año 1986, cuando el terror de Sendero Luminoso y la represión militar, ahogaba los pueblos serranos.
Izquierda unida se convirtió en la segunda fuerza política del Perú por aquellos años, gracias al trabajo realizado por Alfonso Barrantes Lingán, quien perdió la presidencia del Perú con el aprista Alan García Pérez. Izquierda Unida logró muchas alcaldías de provincias y distritos peruanos, entre ellos un distrito remoto de Huancayo llamado Huancar.
- ¡¡¡Abran la puerta carajo!!! – vociferaban alrededor de diez personas con vestimenta militar, sus rostros cubiertos y con armas en las manos, la noche era negra y fría, el canto de los grillos era torpemente callado por una sinfonía de improperios e insultos de aquellos sujetos, la familia Ayaypoma despertó de sus sueños a una pesadilla, - ¡Buscamos a Cirilo Ayaypoma! – mientras trataban de romper la puerta, la esposa y los hijos de Cirilo, entraron en pánico. Cirilo abrió la puerta y los sujetos irrumpieron cual estampida de toros, sabían que era él, alguien afirmo que era el que estaban buscando, lo tomaron le vendaron los ojos y amarraron las manos hacia atrás, los hijos y la esposa entre gritos de desesperación y llantos eran reprimidos por los encapuchados.
Ha Cirilo Ayaypoma lo acusaban de servir a las huestes de Sendero Luminoso, Cirilo había sido elegido teniente alcalde en el triunfo de Izquierda unida en Huancar, ahora era llevado por el ala asesina de los militares a un lugar sin retorno.
- Papi vete – le decía Nano de siete años a Carlos, el niño había escuchado lo que le decían a su padre, que tenia que marcharse por que a Cirilo lo habían desaparecido y el siguiente podría se él, Carlos, era el enfermero a cargo de la posta médica de Huancar y al igual que Cirilo había salido elegido por Izquierda Unida como primer regidor y él era uno de los ideólogos del movimiento en este distrito.
Hacía unos meses atrás que Carlos recibió la visita de alrededor de quince personas con vestimenta militar el rostro cubierto y a gritos de: - ¡viva la lucha armada! -, tocaban su puerta, - ¡¡¡el enfermero!!! - - ¡¡¡el enfermero!!! – gritaban, Carlos tranquilizaba a su esposa y a sus tres hijos menores mientras avanzaba hacia la puerta. – Soy Carlos – dijo luego de abrirles la puerta, ellos se identificaron como una de las columnas de Sendero Luminoso y solicitaban su ayuda pues uno de sus líderes había caído herido en un enfrentamiento con los militares y necesitaba ayuda médica urgente. Carlos no podía negarse por que su vida estaba en juego, era la una de la madrugada de un miércoles tuvo que ir con los Senderistas, su familia entre la intriga y la desesperación veía su partida.
Carlos al llegar al campamento senderista luego de caminar casi un día por las alturas de Huancar, no vio a nadie más que a las personas que lo habían llevado hasta allí, fue dirigido directamente hasta un cuarto de paja y madera donde se encontraba un hombre delgado, con anteojos, sentado en una cama rústica, a su alrededor armas, propaganda subversiva y un libro de Carlos Marx, pudo reconocer que se trataba del Manifiesto Comunista.
- Adelante – le invitó aquel delgado hombre, se trataba del Compañero Julián, líder de la columna senderista de la zona centro, Carlos tímidamente, le pidió que le explicara que debía de hacer y Julián le pidió que le extirpara una bala que tenía incrustada a la altura del hombro, Carlos pudo notar que se trataba de un hombre estudiado y que a la vista no había recibido más instrucción militar de la que se impartía dentro de Sendero Luminoso, los demás integrantes de la columna eran jóvenes que oscilaban entre dieciocho y treinta años, a excepción del segundo al mando, un hombre alto, rudo y de voz fuerte.
Carlos extrajo la bala del hombro de Julián, le entregó algunos antibióticos e instrucciones a cumplir. Carlos regresó a casa luego de tres días, su familia temía lo peor, pues la violencia y crueldad de sendero luminoso era temible, el asesinato de inocentes y humildes campesinos se había proliferado.
Ese sábado al medio día mientras Carlos caminaba con el temor invadiendo sus entrañas, la imagen de haber dejado a sus tres pequeños hijos y a su esposa en el mercado del pueblo, ahondaban sus pesares, el cambiar la costumbre de comer en el mismo restaurante, le dio la oportunidad de tomar el camino para salvar su vida.
- Carlos, los militares te buscan, han rodeado el restaurante donde estás pensionado – le dijeron, el beso fugaz a sus hijos, a su esposa y tomar el atajo de salvación…Continuara