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El cielo estará azul en Pekín |
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Agosto 2008 |
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08 de Julio, 2008
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A. Vargas Llosa, Prdista - Analista Político Inter |
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Alvaro vargas Llosa
Washington, DC—Tendemos a juzgar la crisis alimenticia de este
año, signada por precios desbocados, desde el punto de vista de quienes la
sufren. No es ocioso verla también desde el punto de vista de quienes la
provocan: allí están encerradas las claves de lo que sucede.
Tomemos el
caso de Argentina, uno de los grandes productores mundiales de granos,
particularmente soja y derivados. La agricultura y la agroindustria emplean a la
tercera parte de los argentinos en condiciones de trabajar y representan la
mitad de las exportaciones. Hace tres meses, la Presidenta Cristina Fernández de
Kirchner declaró una guerra al campo al aumentar los impuestos a la exportación
de granos. La decisión llevó a extremos delirantes una tendencia que ya era
alarmante: tanto el gobierno anterior, el de su esposo, como el suyo llevan
tiempo disparando cañonazos tributarios contra este sector, al que le exprimen
recursos para sostener una maquinaria clientelista y un Estado populista.
Esta vez, Buenos Aires decretó que el impuesto a la exportación
fluctuase con los precios internacionales, elevándolos en la práctica a 45 por
ciento. Si a esto le sumamos los otros impuestos que pagan los productores junto
con el resto de los argentinos, estamos hablando de expropiarles a los
agricultores hasta 75 por ciento de sus ganancias.
El gobierno cree que,
limitando la exportación, crea una abundancia interna, bajando los precios de la
comida en casa. Es la misma justificación que han utilizado otros gobiernos,
desde la India hasta Egipto y Marruecos, para frenar determinadas exportaciones
agrícolas en años recientes. Con su asalto a los agricultores, el gobierno mata
el incentivo para seguir produciendo o producir más, en un contexto, para colmo,
de precios controlados y una inflación que llega al 30 por ciento según todos
los economistas que no reciben un salario del Estado. Consecuencia: la oferta
internacional decae en un momento de demanda insaciable. Las vacas chinas, y por
tanto los consumidores de leche y carne, pagan los platos rotos de la guerra
contra la soja.
El úcase gubernamental y las consiguientes cuatro
huelgas agrarias ocurridas en tres meses han costado $2.000 millones a los
agricultores argentinos. El desincentivo que esto representa para futuras
inversiones es obvio. Aun antes de la ruptura pública entre Kirchner y el campo,
la política expropiatoria del gobierno había empezado, calladamente, a inhibir
las inversiones. A ello se debe que el crecimiento económico del primer
trimestre de este año haya sido sólo 0.6 por ciento superior al registrado en el
último trimestre del año pasado.
El argentino es sólo uno de casi dos
decenas de gobiernos que han limitado la oferta de granos y otros bienes
agrícolas cuando más los quería la gente. Ni tontos que fueran, los agentes de
“commodities” anticipan que todo esto tenderá a agravar la disparidad entre
quienes piden y quienes ofrecen productos agrícolas en el mercado mundial. Los
precios, pues, suben...y suben. La histeria universal en torno al precio de la
comida se justifica.
El fondo del problema, en el caso argentino, es la
cultura populista. En comparación con el ciudadano promedio, Néstor y Cristina
Kirchner, ambos abogados, son muy ricos y educados, y tienen acceso a un océano
de información. Pero su mente se congeló en los años 70, su etapa formativa:
época en la que la izquierda revolucionaria argentina llevó el populismo
incubado en los años de Juan Domingo Perón a su lógica más extrema, desatando
una lucha armada contra el “sistema” que acarreó, a la larga, el establecimiento
de una brutal dictadura militar. Los Kirchner, añado, pertenecieron a la
izquierda del “ármemonos y vayan”: la de quienes preferían que el esfuerzo
físico de la revolución lo hicieran otros mientras ellos los alentaban desde su
sala de estar.
La Presidenta, cuya debilidad por el buen vestir y las
alhajas es materia de leyenda, ha llamado “oligarquía” a los productores del
campo, la inmensa mayoría de los cuales son pequeños y medianos empresarios que,
a diferencia de los grandes agroexportadores no fueron objeto, bajo el gobierno
de su marido y ahora el suyo, de cuantiosas dádivas estatales (excepto, claro,
una moneda devaluada).
En un mundo más parroquial, los Kirchner habrían
hecho un daño más local. En la aldea global, la consecuencia es mundial. Junto
con otros populistas, los Kirchner nos enseñan que los errores ya no son
parroquiales y que, en el siglo 21, el hambre es esencialmente una política, no
una condición.
Alvaro Vargas Llosa es
director del Centro para la Prosperidad Global del Independent Institute de los
Estados Unidos, y editor de " Lessons From the Poor''. Su dirección electrónica es
AVLlosa@independent.org.
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publicado por
rfelipem a las 10:48 · 2 Comentarios
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Comentarios (2) ·
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Hay muchos errores de enfoque y datos muy manipulados en este post. El problema es demasiado importante para tratarlo de una manera tan superficial, especialmente para un publico que no tiene todos los datos en la mano. Acerca de los rindes agropecuarios en la Argentina actual y la rentabilidad presente hay mucha info en internet. De antemano le aclaro que el Gobierno de Nestor Kirchner, lejos de guerrear al campo, lo favorecio enormemente. Le agradeceria que se informe bien antes de difundir sus ideas o al menos que su publico lector tome los recaudos necesarios ya que es una cuestion actual y muy sensible para los argentinos. Desde ya le aclaro que no comparto su analisis y el Gobierno de Cristina F. de Kirchner tiene todo mi apoyo y el de muchos a las medidas recientes, que me parecen muy acertadas. En mi blog he subrayado cada una de las cosas que ud escribe que estan mal y donde ud repite los topicos que se bajan desde las usinas de la CNN y el New York Times. http://derekdice.blogspot.com/2008/07/definitivamente-vargas-llosa-tambien-es.html |
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publicado por Caribe, el 08.07.2008 20:04 |
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Derek,
Porque no nos dice en que se equivocó Vargas Llosa. Fui a su blog y no veo la brillante refutación que usted alega. Si no es 75% el impuesto virtual que se le quiere aplicar a los agricultores, cual es en realidad? Lo unico que veo son acusaciones de que VLL es un derechista, como si esto fuese un gran pecado (quizas en la tierra del Che lo sea...). Lo cierto es que su presidenta ha tenido que retroceder a pesar de todo el apoyo que supuestamente tiene. Si yo pertenezco al grupo mas productivo de la sociedad y se me quiere obligar a pagar mas como castigo, tengo el derecho a resistir. |
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publicado por Mabel Bejar, el 22.07.2008 15:08 |
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