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El cielo estará azul en Pekín |
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Agosto 2008 |
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11 de Octubre, 2007
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Marcelo A. Moreno, Prdsta Argentino |
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Por: Marcelo A. Moreno
Ha de ser, nomás, muy efectivo. Porque el marketing global lo utiliza, al parecer con perdurable éxito.Quizá todo se deba a que el humano es un espíritu gregario, le atrae juntarse, andar en manada, estar -mal que bien- acompañado.
Se deba a esa razón histórica o al desgaste imaginativo de los publicistas, el caso es que cada vez más nos inundan propagandas que apelan a la multitud como efecto de atracción, exhortando a imitarlas. Como millones y millones de amas de casa del país, usted use detergente Pirincho. O, al igual que cientos de miles y miles de jóvenes aquí, en París, en Londres y Nueva York, vos también tomá cerveza Espinagarda. O, como todos los hombres de mundo que saben qué es un buen coche, usted también tenga su Tagarna propio.
Pero la apelación multitudinaria va más allá aún. Casi no hay sitios de Internet que no nos cuenten cuáles son sus segmentos más visitados. Ni casa de discos que no nos informe qué CDs y temas son los más escuchados. Ni página literaria que no nos refiera los libros más leídos.
Lo que verdaderamente cuenta -y factura- en el divertimento global supremo -la tele-, es el cuánta gente elige cada programa. No parecen regir criterios éticos ni estéticos: lo que se mide es el éxito o fracaso en el encendido, más allá de que la frontera entre lo uno y lo otro resulte tan indescifrable como volátil.
Así vivimos en una era de ratings y de rankings, de tops, tops ten, de best sellers y de hits, en la que se suele confundir lo importante con lo que más se ve, se escucha, se atiende o se vende y en qué orden de masividad. No interesa lo fundamental, sino aquello que conmueve a un sacralizado mercado llamado público.
Pero, en realidad, no caben dudas para nadie que haya cultivado razonablemente el ejercicio de la lectura que, por ejemplo, la poesía de Keats o la prosa de Onetti o de Lugones son de una calidad aplastantemente mayor que, digamos, la escritura de J.K. Rowlings -autora de Harry Potter-, que es deglutida por millones y millones en todo el mundo.
Y también es cierto que si bien mayorías planetarias consagraron el genio de Los Beatles no estaría demás olvidar que también lo hicieron con Rita Pavone, Julio Iglesias, Rafael o Arjona. Y entre nosotros, el éxito coronó décadas a Palito Ortega y llevó al pináculo de la fama a Leo Dan, Xuxa y Rafaela Carrá, por sólo citar algunos ejemplos. Y en materia política reeligió alegremente a Menem después de haberlo conocido a fondo como gobernante. Por lo cual se podría inferir que el gusto de las mayorías no suele ser errático sino también errado. La "gente", como tiende a llamársela, muestra una llamativa tendencia a meter la pata.
Porque son las mayorías las que se han cansado de motejar como "mamarrachos" a las obras insignes de Picasso, las que siguen con fruición e ilusión los horóscopos y las que creen en diversas y antagónicas divinidades.
Se le atribuye al filósofo Epicuro la confesión de que "jamás pretendí contentar al vulgo, porque lo que a él le interesa, yo lo ignoro y lo que yo sé, bien lejos está de su entendimiento". Contra esta dilatada idolatría de los más, un graffiti ya clásico del Mayo francés de 1968 rezaba: "Millones de moscas (que comen caca) no pueden estar equivocadas". |
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publicado por
rfelipem a las 12:52 · 1 Comentario
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