Se dice que los romanos pensaban que la mujer del César no sólo debía ser fiel, sino parecerlo. La frase nos muestra la importancia de las apariencias, en especial para los políticos y para todos aquellos cuyas acciones tienen –de una u otra forma– relevancia política.
Todos los que han leído esta columna o que me conocen saben que tengo una impresión muy positiva acerca del trabajo de la CVR, y que pienso que el Perú perdió una oportunidad cuando no debatió con seriedad y profundidad un texto que no sólo analiza de modo amplio y detallado el problema de la violencia desatada por la subversión, sino la forma en que el Estado –empezando por los gobiernos democráticos– respondió ante esa grave amenaza.
No obstante estar de acuerdo en lo esencial, juzgo que, en los últimos tiempos, los integrantes de lo que fue la CVR cometieron un error de énfasis, debido a que no tomaron en cuenta el dicho sobre la mujer del César. En efecto, cualquiera que conozca a los comisionados sabe que acusarlos de prosenderistas constituye algo delirante y –como la que lo hizo fue, básicamente, la derecha profujimorista– ellos se sienten muy seguros de sus puntos de vista.
Sin embargo, existe un sector de nuestra sociedad que no conoce a los comisionados y que puede aceptar los argumentos –a veces delirantes– de los medios de ultraderecha; esto adquiere una dimensión mayor en sectores que integran los parientes de víctimas de la subversión y no se sienten bien cuando hay un énfasis excesivo en la impunidad de los agentes del Estado que violaron derechos humanos y no se habla de los subversivos. Es verdad que la mayor parte de éstos fueron sentenciados y purgan prisión, pero lo correcto –desde mi modesta opinión– hubiera sido insistir en que los subversivos sentenciados no deben encontrar ninguna argucia legal para ser excarcelados.
Sabemos que los abogados senderistas, que –en lenguaje orwelliano– se denominan “democráticos”, acudieron a instancias internacionales para lograr la excarcelación de sus líderes; estamos enterados también de que el IDL desenmascaró a los senderistas, según lo expresó el actual embajador Ántero Flores-Aráoz Esparza en estas páginas.
Los comisionados saben todo esto y debieron enfatizarlo, con lo cual les hubieran cerrado la boca a la ultraderecha y a sus medios de comunicación, que, por supuesto, no dijeron nada de la gestión del IDL contra la maniobra senderista. Los comisionados no son políticos –aun cuando algunos tuvieron breves incursiones en ella–, pero, dada la importancia de su función, nunca deben dejar de lado los reflejos políticos y no dar por sentados hechos reales que no todo el mundo conoce.
Por último, creo que, pese a que la CVR dejó de existir, hubiera sido muy positivo que sus miembros se pronunciaran solidariamente con el IDL cuando éste desenmascaró la maniobra de los abogados senderistas.
Es importante no sólo ser, sino también parecer.